Un borracho, un barrendero y un patrullero

¿Cual era el fin del borracho para con el barrendero? ¿Osaba ayudarlo con la limpieza del pueblo? ¿Quería hablar de la devaluación del dolár? ¿O quería robarle al pobre trabajador que se esmeraba en que todos camináramos sobre suelos limpios?

Nunca supimos bien cual era el objetivo del ebrio, quizás ni él mismo sabia que era lo que buscaba cuando se acercó al laburante. ¿Habrá pensado que era un mulo que vendía falopa? 

Ese percance tuvo una media de 45 minutos entre insultos, alaridos y bocinazos de los autos a quienes ambos sujetos cortaban el paso. Autos empotrados de jóvenes que seguro conducían bajos los efectos del alcohol y quizás buscaban seguir el ritmo con el que salieron del boliche. 



Todo se normalizó cuando llegó el patrullero, 35 minutos después de haber sido solicitado, y los dos sujetos volvieron a lo suyo. Uno a su fiel laburo, y el otro hacia ese camino que alguna vez supo andar en esas mismas condiciones.

¡Ah! Y nosotros nos comimos un pancho disfrutando un buen espectáculo.

Los 33 estamos bien.

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